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Historias de amor de la chica de la quinta planta: Amores de campamento

Cuando Lía tenía 13 años fue a su primer campamento de verano. Lía llevaba años queriendo ir de campamento, pero sus padres no la dejaban, pero en el verano de 1996 consiguió convencerlos y hacer realidad su sueño.

Lía estaba deseando vivir aventuras con sus compañeros y compañeras de campamento, a pesar de su timidez, Lía sabía que ese verano iba a ser increíble, y que volvería en septiembre al colegio con nuevas anécdotas, y quién sabe, quizás encontrara a su príncipe.

Aunque Lía tenía 13 años, era una enamoradiza incorregible, quizás era la edad, pero desde que tenía uso de razón tenía amores platónicos. Por eso a ella no le resultaba extraño pensar en el amor, no lo conocía, pero lo imaginaba, y siempre pensó que era algo bonito y para siempre.

Llegó el día en el que se iba de campamento, su madre se había encargado de meterle 20.000 cosas en la maleta, literalmente, un albornoz, una toalla de ducha, una toalla de pelo, bañadores, una camiseta para cada día, dos pijamas, un pantalón para cada día, ….

Llegaron al punto de encuentro y Lía se despidió de sus padres, se montó corriendo en el autobús y se sentó en las primeras filas junto a la ventana, así podría ver y analizar a todo el que entraba. Fue divertido, muchos niños y niñas menores que ella, pero también los había mayores. Al principio sólo hablaba con la chica que se había sentado al lado suya, pero al poco tiempo llegó un monitor buscando a chicos y chicas nuevos para presentar a los más antiguos, le tocó a Lía. Con mucha vergüenza acompañó al monitor para conocer a todos los mayores, Lía se sentía especial al ser la primera en conocerlos. Se sentó al final del autobús, y estuvo el resto del camino hablando con una chica que se llamaba Elena.

Durante los primeros días Lía conoció a muchas chicas, y también chicos, entre ellos estaba Iván, rubio, con ojos azules, era como un príncipe, y a Lía le encantó. Fueron pasando los días y casi todas las niñas mayores que ella se emparejaban, y una noche, entre bromas con sus compañeras de habitación, confesó que le gustaba Iván. Sus compañera movieron cielo y tierra para que Iván se fijara en ella, pero él ya se había fijado en otra chica.

Quizás fue la inocencia de la edad,  o la inexperiencia, pero ese rechazo no le dolió. Aún así, sus compañeras siguieron insistiendo, hasta que el último día de campamento la vistieron y peinaron para la fiesta de despedida, y mientras Lía bailaba con uno de sus compañeros, Iván se acercó y bailó con ella. Fue uno de los mejores regalos que Lía recibió ese año. Esa noche Lía volvió a su habitación volando.

Cuando acabó el campamento Lía siguió pensando en Iván, os confieso que a sus amigas del colegio les dijo que era su novio. Aunque no volvió a verlo nunca más.

 

 

 

 

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